martes, 27 de junio de 2006

Taller de chapa y pintura


La mujer metálica que fabricó Fritz Lang para "Metrópolis" era una especie de monstruo, signo de que la modernidad nos deshumanizaba, de que las máquinas nos iban a ganar la batalla. Era un ser sin corazón, una copia perversa de la bella protagonista original.

Conozco a otra mujer metálica, la princesa de hojalata, que estos días rebosa tristeza. Sería mejor llamarla la princesa de gelatina, porque puede ponerse a temblar en cualquier momento. Pero no hay que preocuparse, sé que dentro de poco volverá a ser de acero, o mejor aún, de diamante, que es el material más duro y resistente que existe. Y también el más hermoso.

miércoles, 26 de abril de 2006

La ciudad


La semana pasada un amigo me dijo que estaba triste porque había terminado el último libro de Paul Auster, Brooklyn Follies. Dos días más tarde yo también lo acabé y despedí a Nueva York hasta otra ocasión. Con los libros de Auster sucede que los leemos rápidamente porque queremos saber a dónde nos llevan esos maravillosos personajes, y cuando los terminamos, se nos queda una sensación de vacío que el siguiente libro tiene muy difícil llenar. Nunca he estado físicamente en Nueva York, pero creo que la conozco bien, gracias a Woody Allen, a Paul Auster y a mi madre, que estuvo allí hace 15 años y me hizo vivir sus recuerdos como si fueran míos.

jueves, 29 de diciembre de 2005

Vivan los clicks!


Esta Navidad estoy jugando a ser niña de nuevo, gracias a los clicks de Playmobil (antes Famobil). Creo que me está pasando como en aquella obra de Jardiel Poncela en que los protagonistas descumplían años. Hasta empiezo a creer de nuevo en los Reyes Magos...

miércoles, 16 de noviembre de 2005

El gran soñador


He terminado de leer las caóticas memorias de Gonzalo Suárez en su libro "el hombre que soñaba demasiado". Muy interesante saber que lo que le impulsó a hacer cine fue recoger físicamente las imágenes que veía en sueños. Si se echa un vistazo a sus películas, se ve que tienen mucho de irrealidad, de cosas que sólo tienen sentido de noche y con los ojos cerrados. Son memorias con pocos datos históricos, pero ahora conozco a Gonzalo Suárez mejor que antes y me apetece revisar sus películas para ver si me encuentro en ellas con hombres sin rostro y mujeres con libélulas en el pelo.

martes, 15 de noviembre de 2005

Qué verde era mi valle


Este verano he descubierto Asturias. Como si fuera Cristóbal Colón, pero con cámara de fotos. Un paraíso cercano. Un lugar para perderse y para encontrarse. Una postal contínua en tres dimensiones, y regada con sidra. ¿Qué más se puede pedir? Desde entonces pienso en verde.